Hay postres que quedan grabados para siempre. El Ravani (o Revani) fue uno de ellos. Lo probé en Atenas, frente a la Acrópolis, en una tarde luminosa. Un bizcocho sencillo, húmedo y perfumado que, con cada bocado, parecía concentrar los aromas de los cítricos del Mediterráneo.

El Ravani es un postre tradicional de Grecia, aunque también forma parte de la gastronomía de Turquía y de otros países de los Balcanes. Su origen se remonta al período del Imperio Otomano, cuando los postres bañados en almíbar eran protagonistas de la mesa. Con el paso del tiempo, cada región desarrolló su propia versión: algunas perfumadas con limón, otras con naranja, e incluso con agua de rosas o flor de azahar.

Lo que distingue al Ravani de un bizcocho tradicional es la sémola fina. Este ingrediente le aporta una textura única: tierna, ligeramente granulada y perfecta para absorber el almíbar sin desarmarse. Después del horneado, el bizcocho se pincha y se baña generosamente con un almíbar caliente que lo transforma en un postre increíblemente húmedo y aromático.

En esta versión elegí un almíbar de naranja natural, inspirado en el que probé en Grecia. El resultado es un postre fresco, delicado y muy perfumado, ideal para servir frío. Como sucede con muchos postres tradicionales, mejora después de unas horas de reposo y al día siguiente está aún más rico.

Ingredientes

Molde: 20 × 20 cm o redondo de 22 cm

Para el bizcocho

  • 3 huevos
  • 150 g de azúcar
  • 120 ml de aceite neutro
  • 120 g de yogur natural
  • 160 g de sémola fina
  • 80 g de harina 0000
  • 10 g de polvo de hornear
  • Ralladura de 1 naranja o 1 limón
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla

Para el almíbar de naranja

  • 200 ml de agua
  • 100 ml de jugo de naranja natural
  • 250 g de azúcar
  • Cáscara de 1 naranja (solo la parte naranja)

Preparación

  1. Preparar el almíbar colocando en una olla el agua, el azúcar y la cáscara de naranja. Hervir durante 5 a 7 minutos. Agregar el jugo de naranja y cocinar 2 minutos más. Reservar caliente.
  2. Batir los huevos con el azúcar hasta obtener una mezcla espumosa y de color claro.
  3. Incorporar el aceite en forma de hilo sin dejar de batir.
  4. Agregar el yogur, la ralladura de naranja y la vainilla.
  5. Mezclar aparte la sémola, la harina y el polvo de hornear.
  6. Incorporar los ingredientes secos a la preparación con movimientos envolventes, sin sobrebatir.
  7. Volcar en un molde enmantecado o forrado con papel manteca.
  8. Hornear a 170–175 °C durante 30 a 35 minutos, o hasta que esté apenas dorado y firme al tacto.
  9. Retirar del horno, pinchar toda la superficie con un palillo y volcar la mitad del almíbar caliente sobre el bizcocho tibio.
  10. Dejar reposar al menos 4 horas para que absorba bien el líquido. Luego cortar en porciones y bañar con el resto del almíbar.

Consejos

  • Se conserva perfectamente durante varios días en la heladera.
  • Servir frío o a temperatura ambiente.
  • Tradicionalmente puede decorarse con pistachos picados, coco rallado o almendras, aunque también es delicioso tal como está.

Un postre humilde, con siglos de historia, que demuestra que a veces los sabores más simples son los que más permanecen en la memoria.

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